

| Ciudades Digitales Hoy en día se habla de las ciudades digitales como algo novedoso, consecuencia de la globalización y el crecimiento de Internet; sin embargo, se trata de un proceso que desde finales de la década de los 60 se ha venido desarrollando, como parte del cambio de la estructura social, y como una alternativa más en que la sociedad se puede manifestar. Por ello, hablar de ciudades digitales resulta tan complejo, ya que se trata de una actividad que va más allá de sí misma, convirtiéndose en un fenómeno social autónomo, con sus propios códigos, intérpretes y actores, que hace posible la comunicación con personas de cualquier parte del mundo, en cualquier momento, en un espacio originalmente imaginario, que cada vez más forma parte de la cotidianidad de los seres de este siglo. La comunicación es la base de las ciudades digitales, así como las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), que surgen y se desarrollan a partir de la necesidad de la sociedad, por organizarse en defensa de sus derechos y posteriormente, por parte de las instituciones y la industria, por generar ahorros materiales y en procesos, en un mundo que avanza cada vez con mayor velocidad, en donde el manejo de la información es vital. La referencia acerca del origen de las ciudades digitales data de la década de los 70, con un movimiento llamado okupas originario de Ámsterdam, el cual realizó fuertes movilizaciones en contra del gobierno local. Los militantes de okupas, denominados krakers, se organizaban en grupos de vecinos, al tiempo que se las ingeniaban para desarrollar medios que les permitieran organizarse y comunicarse entre ellos, como listas de alarmas telefónicas, alarmas vecinales, hasta medios de comunicación como radiodifusoras, televisoras, periódicos vecinales, una imprenta, una cooperativa de herramientas y un fondo para reparaciones, todos ellos denominados “piratas”, sin los cuales no habrían podido adquirir autonomía. El conflicto del cual surge dicho movimiento consistió en la pretensión del gobierno por desaparecer el barrio de Nieuwmarkt, para la construcción de una línea del metro que conectara a un Distrito Central de Negocios. Pese a los esfuerzos, para finales de los 80, el movimiento fue disuelto, quedando sólo la infraestructura, de la cual instituciones culturales progresistas de la época se valieron para seguir operando, ya no políticamente, no por lo menos de manera directa, sino artísticamente. De esta manera, surge el término “cultura tecnológica”, tema abordado por los centros culturales Paradiso y De Balie, que se encontraban a la vanguardia de la política cultural local. Este hecho tuvo gran relevancia ya que cimentaba las bases para la nueva concepción de las tecnologías, pues dejaba claro que no eran exclusivas de los grandes negocios o del gobierno, sino que podían ser una actividad cotidiana y casera, en la que podían participar y valerse para su beneficio grupos o individuos comunes. Así, surge un grupo de usuarios que aprovechan el hardware y componentes electrónicos para desarrollar aún más las aplicaciones de "baja tecnología" ya existentes, dando lugar a una gran cantidad de manifestaciones videoartísticas, que subsecuentemente ocasionaría la propuesta de libre acceso al público a los medios “pirata”. Con la incursión de las redes electrónicas, de las cuales organismos gubernamentales ya se valían, aparecen en escena los hackers, quienes presentaban anuncios electrónicos, lo que trajo consigo un debate entre sí se debía o no dar libre acceso a la red, ya que dado el nivel de organización de la comunidad de Ámsterdam, esto podría generarle muchos problemas al gobierno, pues sería impulsor de un movimiento social completamente abierto. Finalmente, los hackers ganan el pleito y la red se vuelve de libre acceso, por lo que pronto se vio invadida por radiodifusoras y televisoras “pirata” a las que había que regular, ya que las críticas que hacían a los organismos gubernamentales eran muy fuertes. Es así como en 1993 se promulga la Ley Contra Delitos Informáticos, ocasionando que estos medios comunitarios pasaran a ser parte del gobierno. Con la llegada de la globalización, el gobierno comenzó a valerse de estos medios tecnológicos para modernizarse y agilizar procesos internos, por ello también buscó adherir a los más doctos en el tema, claro, sin perder el control. Ante ello, surgieron varias reacciones de activistas informáticos y culturales quienes buscaron formar parte del diseño y construcción de la red, otorgando un toque ideológico diverso. Este hecho pareció muy acertado; sin embargo, estos acontecimientos se vieron afectados por la falta de credibilidad debido a las constantes discusiones en el tema, así como por la falta de comunicación, ya que comenzaron a surgir más grupos. Ante esta situación, el Centro Cultural De Balie acudió al ayuntamiento con la propuesta de una red comunitaria en la que todos se podrían comunicar gratuitamente, en sí nada nuevo, salvo que ahora la propuesta incluía la comunicación con los gobernantes, a través de Internet. Es así como en 1994 se lanza la "ciudad digital de Ámsterdam”, previo a una prueba piloto de diez días. A partir de todo lo anterior, surgen nuevos términos tales como comunidades digitales, sociedades de información y, claro, ciudad digital, mismos que vale la pena definir, ya que convergen en distintos ámbitos como el comercial, arquitectónico, educativo y político, con sus respectivas nomenclaturas en el mundo virtual. Este conjunto de personas se agrupan a partir de la interrelación diaria que realizan, por medio del uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), más que por el entorno geográfico que habitan, además de que dichas agrupaciones pueden ser empresas, organismos gubernamentales e instituciones, que se relacionan a su vez con otros organismos o el resto de la sociedad, tanto a nivel corporativo, como mundial. A su vez, a estas comunidades se les llama Sociedades de Información. En tanto a las comunidades digitales, éstas se pueden clasificar de dos maneras: Permanente (transitoria) y Formal. Ambas se llevan a cabo en la red, específicamente las páginas web, el correo electrónico y el chat, aunque la Comunidad Permanente no cuenta con un objetivo específico. Mientras que en la Comunidad Formal si se cuenta con objetivos, valores, lenguaje y experiencias comunes, además de que los participantes crean personajes que los distinguen y comúnmente suelen falsear su personalidad. Un ejemplo de estas comunidades es el mundo virtual 3D Second Life (Segunda Vida). A este respecto surgen nuevas controversias respecto al uso, regulación y efectos que puede traer el mal uso de estos medios, por lo que aquello que surgió como un medio novedoso para facilitar la organización y la comunicación, se vuelve un problema, necesidad y obstáculo en lugares en donde la tecnología aún no llega, y de riesgo para la seguridad de los usuarios al estar la información muy expuesta a cualquier persona, en cualquier parte del mundo, además de que la actividad delictiva cada vez se vale más de estos espacios al no contar con una legislación adecuada para este nuevo tipo de delitos, y esta situación no sólo ocurre en nuestro país, sino en varias partes del mundo. **Colaboración Especial de: Ana María Morales Rodríguez, egresada en Periodismo y Comunicación Colectiva por la Universidad Nacional Autónoma de México. México (UNAM); México, 2007.Basada en las siguientes fuentes: www.sociedadinformacion.unam.mx. Artículo de Tomás Orozco. Ciudades Digitales y la efectividad del e-Gobierno. |
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