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Comunicación: mucho más
que palabras... Las percepciones e interpretaciones de un mensaje, de parte de un interlocutor, difieren de las intenciones de quien lo expresa, esto se debe en gran parte, a que no todo nuestro comportamiento comunicativo obedece a nuestra parte consciente. Retomando una de las definiciones más sencillas de Comunicación: "proceso que incluye la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor", comprobamos que incluye los términos señales y código. La comunicación entre los seres humanos incluye ambos elementos, y este código no se limita a las palabras, pues es un proceso global que contiene otros ingredientes que intervienen en el significado del mensaje. La comunicación no verbal es el concepto que reúne la parte inconsciente de este proceso, es decir, los gestos, movimientos, posturas, apariencia y posiciones que también forman parte del mensaje que comunicamos a los demás. La interacción con otros individuos inevitablemente afecta la comunicación no verbal y ésta a su vez, altera nuestro mensaje cuando es incongruente con la comunicación verbal y viceversa. Cuando esto sucede, se ocasiona "ruido" en la transmisión del mensaje, y aunque la interpretación del intercambio de información no verbal también es inconsciente, el mensaje puede resultar incluso incomprensible. En otras palabras, nuestro comportamiento depende de los sentimientos, emociones, percepciones y reacciones ante lo que nos rodea y estos cambios se reflejan dentro del proceso comunicativo. No es posible descifrar la comunicación no verbal al 100%. Si bien los psicólogos y especialistas han delineado algunos significados, no son reglas exactas, pues el contexto, la personalidad y otros factores que involucran la comunicación humana, influyen su sentido. Existen diversas disciplinas que han tomado como objeto de estudio esta parte de la comunicación. Sobresalen la Kinesia, dedicada al análisis de la expresión a través de los movimientos corporales (postura corporal, expresión facial, la mirada y sonrisa); la Paralingüística, que estudia el comportamiento no verbal expresado en la voz (¿Cómo se dice algo?, tono, volumen, ritmo, etc.) y la Proxémica que investiga la comunicación no verbal enfocándose al espacio personal. El individuo usa todos estos elementos para reforzar, complementar, matizar y en ocasiones contradecir la comunicación verbal. Señales como las expresiones faciales y la posición dentro de un espacio regulan el comportamiento del individuo. Diversos estudios han concluido que muchas de nuestras expresiones faciales no son aprendidas sino universales en el ser humano, pues el enojo, la tristeza, el miedo y la alegría tienen expresiones externas similares en miembros pertenecientes a diferentes grupos sociales, edades, culturas y de puntos geográficos distintos. Argyle afirma: "Algunos de los hallazgos más importantes en el campo de la interacción social giran en torno a las maneras en que la interacción verbal necesita el apoyo de las comunicaciones no verbales" (Knapp, 1992). Por eso, la comunicación no verbal no puede estudiarse separándola de la comunicación verbal. Los signos que pertenecen a la comunicación no verbal pueden interpretarse como señales de autoridad, de aceptación o rechazo, de interés, de inseguridad, de atracción, etc. El riesgo es que en base a un catálogo limitado de signos, juzguemos a nuestros interlocutores. Debemos recordar que no todos los gestos pertenecen al proceso comunicativo. Por ejemplo, mantener los brazos cruzados en una conversación puede indicar rechazo, pero también puede obedecer a que haya frío dentro de la habitación donde se desarrolla la conversación. Hay muchos autores que pretenden aconsejar a las personas sobre las formas de utilizar la comunicación no verbal a su favor. Probablemente puedan modificar algunas conductas que permitan facilitar la interacción con algunas personas, o bien, dar una idea de cómo interpretar el comportamiento de los demás. Pero no es posible que un libro descifre las estrategias y recetas a seguir para tener una comunicación exitosa, pues como hemos dicho anteriormente los signos obedecen a nuestro inconsciente y bastará con que nuestro discurso verbal sea sincero, para que coincida con los signos no verbales, favoreciendo la integridad del mensaje. Valorar la importancia de la comunicación verbal nos sirve, no para cambiar nuestra conducta y engañar a los demás, sino para evaluar nuestro comportamiento y medir qué implicaciones tiene nuestro comportamiento para mejorar nuestras relaciones sociales, logrando que la información que transmitimos sea más fidedigna de lo que queremos exteriorizar a los que nos rodean. La forma en que nos relacionamos y comunicamos unos con otros es vital para la convivencia social diaria y por esto no está de más poner atención a lo que nuestra conducta aporta en nuestra interacción, ¿no crees? **Colaboración especial de: Vera Badillo, Licenciada en Ciencias de la Comunicación, basado en los libros "La comunicación no verbal" de Knapp I. Mark por Ediciones Paidós, Barcelona 1992; "El lenguaje del cuerpo" de Allan Peace por Editorial Planeta, Buenos Aires 2000 y "La Imagen del Éxito" de Gabriela Vargas por la editorial McGraw-Hill, México 1998. México; 2005. |
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